domingo, 20 de junio de 2010

INFLUENCIA HORMONAL EN LA SEXUALIZACION DEL CEREBRO PARA LA DETERMINACION DEL TERCER SEXO

INFLUENCIA HORMONAL EN LA SEXUALIZACION DEL CEREBRO PARA LA DETERMINACION DEL TERCER SEXO
Karen Lisseth Rojas Torres. Lic. Biología y Química.
Heidy Johanna López Guerrero. Lic. Biología y Química.
Universidad Francisco de Paula Santander.



RESUMEN
En este artículo se analizarán aspectos biológicos relacionados a la sexualidad; es decir, la influencia hormonal la cual desencadena ciertos cambios en los caracteres primarios y secundarios del cuerpo. Asimismo, la liberación hormonal que es fundamental ya que ella aparece en distintas etapas del ser humano lo que activa el comportamiento sexual y produce cambios fisiológicos relacionados a la orientación e identidad sexual. Por lo tanto, en este trabajo se tratara de analizar la relación existente entre la sexuación del cerebro, es decir, de la formación de los caracteres sexuales físicos, y la concentración hormonal que conlleva a la determinación del tercer sexo.
PALABRAS CLAVE
• Hormonas sexuales.
• Tercer sexo.
• Sexuacion.
• Orientación sexual.
• Identidad de género.
• ABSTRACT
This article will discuss the biological aspects related to sexuality, that is, the hormonal influence that triggers certain changes in the primary and secondary characters of the body. Also, the hormonal release is important as it appears at different stages of what activates human sexual behavior and produce physiological changes related to sexual orientation and identity. Therefore, this paper tried to analyze the relationship between the sexual differentiations of the brain, is the formation of physical sexual characteristics, and hormone concentration which leads to the determination of the third sex.

KEYWORDS

• Sex hormones.
• Third gender.
• Sexuation
• Sexual orientation
INTRODUCCION
En el reino animal la sexualidad es un aspecto central en la vida de muchas especies, inclusive la humana. A pesar de ello, tanto la gran diversidad y complejidad de los comportamientos sexuales como la existencia de persistentes inhibiciones culturales obstaculizan en la actualidad, su estudio lo que impide profundizar acerca de temas como la existencia del tercer sexo.
Asimismo, la sexualidad es una de las componentes biológicas y psicológicas más importantes de los seres humanos, ya que no sólo determina en gran parte el éxito de la supervivencia de la especie, sino que además determina la calidad de vida y de la convivencia social. Sin embargo En la actualidad la sexualidad ha generado controversia, ya que la orientación sexual se considera inapropiada con respecto a las características físicas del género.
Anteriormente se conocía muy poco acerca de este tema más allá de los prejuicios morales heredados del pasado. Es por ello que las recientes investigaciones se han orientado al estudio de factores biológicos implicados en el comportamiento sexual que determinaran sus bases neurobiológicas, tales como A) los factores hormonales, B) las estructuras cerebrales, C) la función neuropsicología D) los factores genéticos, de los cuales solo se puntualizara a cerca del factor hormonal, y su relación con el factor genético, ya que estos ejercen efectos en el desarrollo de los individuos controlando las distintas fases de la interacción sexual, explicando así la existencia de la diversidad de las orientaciones e identidades sexuales.
Factores determinan el sexo de los individuos
“¿Será un niño o una niña?” Esta es la primera pregunta que se hacen los padres, cuyas actitudes y expectativas influirán fuertemente sobre el recién nacido. El sexo genético de los mamíferos se determina en el momento de la fecundación. Dos cromosomas X producen una hembra, uno X y uno Y, un macho. Durante los dos primeros meses de vida del embrión humano no es posible distinguir su sexo mirando sus gónadas. Es recién después de la séptima semana de gestación que la diferenciación gonadal ocurre, haciendo que unos individuos (con el par de cromosomas XX) desarrollen ovarios y los otros (con el par XY) testículos. En los mamíferos el cromosoma Y se encuentra un gen llamado SRY (región determinante del sexo del cromosoma Y). Este gen es el responsable de codificar un factor de transcripción denominado factor determinante de los testículos o proteína SRY. Esta proteína permite que las células de las gónadas indiferenciadas proliferen desde la médula, a expensas de la corteza, y formen los testículos. Si el individuo no tiene ese gen SRY, la corteza de las gónadas indiferenciadas crece a expensas de las de la médula y éstas evolucionan hasta formar ovarios. La ausencia de ese gen, por mutaciones, da lugar a individuos XY con un fenotipo femenino y la translocación de parte del cromosoma Y, que contiene ese gen, genera un individuo XX con fenotipo masculino (ver figura 1).
Figura 1. Factores genéticos en la determinación del sexo. La presencia del gen SRY produce un fenotipo masculino. En su ausencia, el fenotipo del individuo será femenino.

El testículo recién constituido comienza de inmediato su producción y liberación de testosterona, a la que queda expuesto el embrión masculino pero no el femenino. Ese es ciertamente un momento crítico en el desarrollo del embrión.
En el humano se ha detectado que los testículos liberan dos picos de testosterona, el primero aproximadamente en la sexta semana de vida embrionaria y el segundo entre la octava y décima semanas posteriores al nacimiento. La liberación aumentará nuevamente a partir de la pubertad (ver figura 2).
Figura 2. Concentración de testosterona en plasma sanguíneo en el período fetal y posnatal de humanos.


¿Cómo actúan las hormonas para determinar el sexo fenotípico de los individuos?
El testículo no solo produce testosterona sino también la hormona anti-mülleriana (MRH). La testosterona se metaboliza a dihidrotestosterona y esta hormona es la responsable de la formación de los genitales externos del macho: el escroto y el pene (a partir del tubérculo). La MRH provoca la regresión de los conductos de Müller y permite que los conductos de Wolf formen el epidídimo, los vasos deferentes y las vesículas seminales. En ausencia de testosterona (es el caso de los embriones femeninos), el tubérculo forma el clítoris. Sin liberación de MRH, los conductos de Wolf involucionan y los de Müller forman las trompas de Falopio, el útero y la vagina interna. Este es un complejo proceso que se resuelve antes de que el feto humano tenga más de diez centímetros de largo, pues es hacia la décima semana de vida que el sexo genital o fenotípico se establece.
De lo antedicho surge que, sin la acción de la testosterona, los genitales se desarrollarán de acuerdo al patrón femenino y, al contrario, en presencia de testosterona lo harán de acuerdo al patrón masculino. Esto es, un embrión femenino expuesto a la testosterona durante un período crítico de su desarrollo tendrá órganos sexuales masculinos y, en cambio, si se le extirpan los testículos al embrión en la etapa crítica, desarrollará órganos sexuales femeninos. En ambos casos existe una disonancia entre el sexo genético y el genital.
El ambiente hormonal perinatal es responsable de que se genere un SNC sexualmente dimórfico
Uno de los mitos en la endocrinología de la reproducción es que existen hormonas sexuales femeninas (estrógenos y progesterona) y masculinas (andrógenos). Curiosamente, la hormona femenina estradiol es la responsable de la masculinización del SNC. La testosterona, liberada por los testículos, atraviesa la barrera hematoencefálica y se metaboliza a estradiol (se “aromatiza” por la acción de la enzima aromatasa) en el citoplasma de ciertas neuronas hipotalámicas. El estradiol se une a su receptor, penetra al núcleo de la neurona e interactúa con el ADN. El resultado de esta interacción es una alteración en la expresión de genes que codifican para distintas proteínas. El estradiol, entonces, produce cambios permanentes en el fenotipo de ciertas neuronas hipotalámicas en un estadio temprano del desarrollo de los individuos y el fenotipo alterado de esas neuronas será responsable de que las hormonas sexuales estimulen el comportamiento sexual masculino e inhiban el femenino a partir de la pubertad (Davidson, 1980; Johnson & Everitt, 1984; Larsson, 1979; Södersten, 1991).
A fines de la década de los 50 uno de los pioneros de los estudios de endocrinología comportamental, William C. Young (1899-1965), mostró que las hormonas también determinaban las diferencias sexuales en el comportamiento de los individuos. Una de estas diferencias puede describirse en el comportamiento sexual de las ratas de laboratorio. Young demostró que si una rata hembra es tratada con testosterona, en los primeros días luego de nacimiento, su comportamiento sexual será masculino cuando se lo estimula con hormonas gonadales a partir de la pubertad. Ocurre algo equivalente si se castra a un macho durante esa misma etapa: exhibirá un comportamiento sexual femenino si se lo estimula con hormonas ováricas cuando adulto. Con independencia del sexo genético, el tratamiento hormonal masculiniza o feminiza áreas del SNC que controlan el comportamiento sexual, en un período crítico del desarrollo de los individuos.
El hecho de que el comportamiento sexual de la rata pueda manipularse, en la dirección prevista por el investigador, por medio de la acción de hormonas en una etapa temprana del desarrollo, permite conjeturar que la testosterona no solo influye sobre la apariencia interna y externa de los genitales y caracteres secundarios del cuerpo sino también sobre estructuras del SNC que controlan el comportamiento sexual (ver figura 5).
Figura 3. Efectos organizacionales y activacionales de las hormonas esteroides

¿Existen diferencias cognitivas de acuerdo al género en los seres humanos?
Aunque existen muchas más similitudes que diferencias, Marcia Collaer y Melissa Hines, a partir de una revisión de muchos estudios, afirman que realmente existen algunas diferencias cognitivas y psicológicas en los seres humanos de acuerdo al género. La primera diferencia en los humanos está, precisamente, en su identidad sexual. En la mayoría de los casos esta identidad coincidirá con el sexo fenotípico (Collaer & Hines, 1995). Algunos individuos pueden, sin embargo, tener una identidad sexual que no está de acuerdo con su sexo genético, gonadal y fenotípico, experimentando una discordancia entre cómo se perciben a sí mismos y su sexo biológico. Los hombres o mujeres transexuales sienten que han nacido con un cuerpo que tiene el sexo equivocado y recurren, a veces, a la cirugía y/o a tratamientos hormonales para ajustar su apariencia física a su identidad psicológica. La transexualidad no debe confundirse con la homosexualidad. En este último caso, los hombres y mujeres tienen una identidad que está de acuerdo con su sexo biológico, pero se sienten atraídos eróticamente por personas del mismo sexo.
¿Las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres tendrán su origen en el ambiente hormonal temprano?
¿A qué se deben estas diferencias en la identidad sexual, la orientación sexual y la capacidad espacio-visual y verbal entre niñas y niños, hombres y mujeres? ¿Podrá deberse a la socialización, a la influencia temprana de las hormonas o a una combinación entre ambos factores? Si el último caso fuera el correcto, ¿cuánto influirían los aspectos genéticos, hormonales o del medio ambiente? Son muchas más las preguntas que las respuestas.
Una forma posible de responder a la pregunta del subtítulo es a través de estudiar a individuos que hayan sido expuestos a una influencia hormonal atípica. Este es el caso en la hiperplasia adrenal congénita o síndrome adrenogenital, que está determinado genéticamente (se da únicamente en 1 de cada 10.000 nacimientos). En este caso, la corteza adrenal produce grandes cantidades de andrógenos. Los individuos del sexo femenino quedan expuestos, en el útero, a la acción de niveles de andrógenos considerablemente mayores a los normales, lo que conduce a que estas niñas tengan sus órganos sexuales parcial o totalmente masculinizados.
¿Esta influencia hormonal, que masculinizó parcialmente los órganos genitales de estas niñas, habrá afectado también su SNC? ¿Mostrarán estas niñas diferencias psicológicas respecto a las que tuvieron un ambiente prenatal hormonal normal?
Algunos estudios muestran que efectivamente eso es así (Meyer-Bahlburg et al., 2008; Zucker et al., 1996). A pesar de que la mayor parte de las mujeres con este síndrome tiene una identidad sexual femenina y una orientación heterosexual, existe, en ese grupo, un mayor porcentaje de mujeres homo- o bisexuales en su comportamiento, intereses y fantasías. Otro rasgo característico de este síndrome es que las niñas suelen ser más agresivas en sus juegos o desplegar más energía en ellos, se interesan menos por participar en los “juegos de roles” y eligen varones como compañeros de juegos, en relación a las niñas que tuvieron un ambiente hormonal temprano sin aumentos anormales de andrógenos maternos (Meyer-Bahlburg et al., 2008; Zucker et al., 1996)
Se han estudiado otro grupo de personas que muestra también una disociación entre el sexo gonadal y el fenotípico debida a fallas en la comunicación entre las gónadas y los genitales. Este es el caso del síndrome denominado testículo feminizante (parcial o completo). El genotipo de estos individuos es masculino (XY), los testículos se desarrollan normalmente y secretan andrógenos y MRH durante el desarrollo fetal, pero tienen una reducción en el número de receptores para andrógenos (por falta de un gen). Si la ausencia de receptores es total, a pesar de que sus testículos producen cantidades normales de andrógenos, estas hormonas no pueden ejercer sus efectos masculinizadores. En ellos ocurre, entonces, una completa regresión de los conductos de Wolf y, por acción del MRH, también de los de Müller, mientras que desarrollan genitales externos femeninos (con labios, clítoris y vagina). Estas mujeres desarrollan caracteres secundarios femeninos a partir de la pubertad, porque la testosterona de sus testículos se aromatiza a estrógenos. La identidad y orientación sexuales son femeninas y la característica de sus juegos es congruente con sus rasgos fenotípicos. Eso, en realidad, no es tan extraño dado que sus cuerpos nunca percibieron a la testosterona circulante y el ambiente social siempre les trató como niñas o mujeres (Falen et al., 2008; Morris, 1953).
A partir de estos casos clínicos, parece difícil negar que estas diferencias tengan relación, al menos parcial, con la influencia de las hormonas gonadales durante la vida fetal. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en los humanos factores sociales y genéticos tienen una gran importancia en la determinación de diferencias psicológicas y cognitivas entre los géneros.
Debe tenerse presente, además, que la homosexualidad es, en una importante medida, una construcción social. Dado que las conductas sexuales humanas tienen una gran variabilidad, el hecho de que haya habido sociedades que carecieron de palabras para nombrarla y distinguirla probablemente no se debió al desconocimiento del fenómeno sino, más bien, a no atribuirle al mismo mayor significación emocional y moral que justificara diferenciarla de otras conductas.
Las hormonas sexuales regulan el comportamiento sexual
La sospecha de que factores internos controlen el comportamiento sexual es muy antigua. Ya Aristóteles había observado que tanto los eunucos como las aves castradas perdían su capacidad reproductiva y muchas de las características propias de su sexo. En el siglo XIX, el fisiólogo alemán Arnold Adolph Berthold (1849), castrando pollos, observó la disminución de su conducta sexual y agresiva, así como la desaparición del canto y de las características sexuales secundarias (por ejemplo, ausencia de la cresta) al llegar a adultos. El implante de un testículo, en la cavidad abdominal, restauraba tanto el comportamiento sexual como el canto y el desarrollo de la cresta. Dado que el testículo implantado estaba en un sitio distinto al habitual y totalmente carente de conexiones nerviosas, Berthold concluyó que el efecto observado sólo podía deberse a la producción y liberación de hormonas. En efecto, la administración exógena de testosterona a individuos castrados, res¬taura la capacidad de ejecutar la actividad sexual (Johnson & Everitt, 1984; Larsson, 1979; Moralí & Beyer, 1979). Sin embargo, como veremos, en primates, entre ellos el hombre, esta influencia de las hormonas sexuales sobre la conducta sexual se modifica de manera importante por factores tanto sociales como voluntarios.
¿Qué hormonas aumentan la motivación sexual?
Como veremos, las hormonas gonadales aumentan el valor atractivo de estímulos del macho o de la hembra y, de esta forma, promueven respuestas de solicitud y acercamiento hacia la potencial pareja sexual.
En el caso de la rata hembra, es bien conocido que la liberación secuencial de las hormonas ováricas estradiol y progesterona regula la motivación sexual. Curiosamente, también la testosterona, liberada por las glándulas suprarrenales y los ovarios, ha resultado ser importante para la motivación sexual en las hembras de muchas especies de mamíferos incluyendo a los primates. Por ejemplo, la extirpación de las glándulas suprarrenales en monas rhesus disminuye drásticamente los niveles de testosterona en la sangre y, en consecuencia, la motivación y comportamiento sexuales y la motivación sexual puede normalizarse si se les suministra testosterona. En las mujeres estos resultados son más difíciles de extrapolar, pues la extirpación de las glándulas suprarrenales sólo ocurre en relación con enfermedades muy graves, incompatibles con la libido humana. Sin embargo, Barbara Sherwin y sus colegas detectaron que el tratamiento con testosterona de mujeres ovariectomizadas aumentaba su libido, hecho que no se observaba si se las trataba con estradiol y progesterona (Sherwin, 2002; Sherwin & Gelfand, 1987).
Algunas mujeres ven disminuir su interés sexual después de la menopausia, cuando caen sus niveles de estrógenos, progestágenos y andrógenos. Las razones de ese desinterés son múltiples, inclusive los propios cambios hormonales. Se sabe que los estrógenos, por ejemplo, estimulan la producción de lubricantes vaginales. El tratamiento con estas hormonas después de la menopausia mejora, efectivamente, la lubricación, pero no modifica el interés sexual de las mujeres. Un bajo régimen con andrógenos, sin embargo, reactiva el deseo de las mujeres después de la menopausia.
En la rata macho, la testosterona juega un papel importante en el control de la motivación sexual. Por ejemplo, en machos adultos, la administración de testosterona aumenta la preferencia por una hembra en estro (Ågmo et al., 2004). También en los primates la administración de testosterona da por resultado el reestablecimiento de la actividad copulatoria luego de la castración (Johnson & Everitt, 1984). De hecho, la terapia con testosterona ha sido exitosamente aplicada en casos clínicos de hipogonadismo en humanos (Bancroft, 1980; Davidson, 1980). De manera inversa, ha sido reportado que los antiandrógenos, como el acetato de ciproterona o el acetato de medroxiprogesterona, disminuyen la mo¬tivación y el comportamiento sexuales (Bancroft, 1980).
¿Dónde actúan las hormonas para controlar la motivación sexual?
La testosterona, y también los estrógenos, actúan en varias estructuras implicadas en la regulación de la motivación sexual del macho. Entre ellas se encuentran: la vía olfativa (Brennan & Kendrick, 2006), el área preóptica (Paredes, 2003), la amígdala (cuya estimulación produce erecciones peneanas, sin contacto, en presencia de hembras receptivas) (Sachs, 2000); el núcleo accumbens (lesiones en ese núcleo disminuyen la proporción de machos que intrometen y eyaculan (Kippin et al., 2004) y aumentan las latencias de monta y de intromisión (Barrot et al., 2005); el núcleo septal lateral (inyecciones de noradrenalina o yohimbina, un agonista noradrenérgico, aumentan la motivación sexual) (Gulia et al., 2002).
En particular, la motivación sexual, tanto en machos como en hembras, ha sido asociada al circuito dopaminérgico mesocorticolímbico. En 1980, Mogenson propuso que el estriado ventral, en particular el núcleo accumbens y sus aferencias dopaminérgicas desde el área tegmental ventral, representan una interfase funcional entre el sistema límbico y el motor, un sistema que permite la traducción de la motivación en acción (Mogenson et al., 1980). Este circuito mesocorticolímbico podría ser parte de un sistema no específico o general de motivación, que aumente la respuesta del individuo frente a una variedad de estímulos biológicamente significativos (Numan e Insel, 2003) como, por ejemplo, los estímulos provenientes de individuos sexualmente atractivos, los provenientes de los hijos para la madre y viceversa, los relacionados a la comida para un animal hambriento y también las drogas de abuso. En el caso de la motivación sexual, se ha demostrado que el reencuentro, luego de una separación, entre una hembra sexualmente receptiva y un macho sexualmente activo, provoca liberación de dopamina (DA) en el estriado ventral de ambos individuos (Hansen et al., 1991; Robbins & Everitt, 1996).
Si el circuito mesocorticolímbico activa muchos comportamientos motivados ¿qué factores permiten que se activen solo los comportamientos relacionados a la motivación sexual? Se ha propuesto que, para que se active un determinado comportamiento motivado, es necesario que el circuito general de motivación se conecte con áreas específicas de motivación sexual. Curiosamente, tanto en la rata macho como en la hembra, el área preóptica media del hipotálamo es considerada el área específica de motivación sexual que recibe influencias de áreas de procesamiento sensorial y se conecta, a su vez, con el sistema nervioso.
CONCLUSIONES
Las hormonas esteroides juegan un papel preponderante en la determinación del sexo, ya que determinadas etapas en el ser humano se encuentran altamente influenciadas por la existencia de hormonas específicas.
Los efectos activacionales de las hormonas, en el sexo femenino, son ejercidos por los estrógenos y, en algunos casos, también por la progesterona. Los andrógenos de origen suprarrenal parecen jugar también un papel importante en la regulación de la conducta sexual femenina y afecta principalmente la libido.
Aunque se han realizado diversa investigaciones a cerca de la determinación del tercer sexo; aun falta mucho por conocerse en relación a la genética de la homosexualidad humana y la expresión del comportamiento sexual.
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